Hoy hemos sabido por la prensa que este verano dos personas han sido asistidas en España por mordeduras de murciélagos infectados por el virus de la rabia (en Huelva y en Valladolid).

Afortunadamente, en ambos casos, el protocolo de tratamiento sanitario antirrábico fue aplicado a tiempo, evitando así la multiplicación del virus y el desarrollo de la enfermedad, la cual una vez iniciada es mortal en el 99% de los casos.

Al año mueren en el mundo unas 60.000 personas por mordedura de perros infectados por el virus rábico. En España, desde 1975 no hay fallecidos por rabia contraída en nuestro país, aunque en 2004 una ciudadana de origen marroquí murió en Madrid consecuencia de mordedura de perro en su país.

Las campañas de vacunación masiva de perros a partir de los años 60 han posibilitado la erradicación de la enfermedad, pero sería un error suicida bajar la guardia.

Por esta razón, los veterinarios contemplamos perplejos cómo en esta España de las autonomías (las competencias en materia de sanidad animal están transferidas desde hace años), hay 3 comunidades en las que la vacunación antirrábica a los perros no es obligatoria: Cataluña, Galicia y País Vasco.

En Marruecos la rabia no está erradicada y no son infrecuentes los casos de muerte de personas infectadas por mordedura de perros. En Francia, hasta no hace demasiados años, se reportaban casos de rabia en zorros silvestres. En Europa, unas 12 personas han muerto en los últimos 20 años consecuencia de mordeduras de murciélagos.

La vacunación masiva es, hasta la fecha, la única estrategia que se ha demostrado eficaz para el control y erradicación de enfermedades infecciosas transmisibles. Contamos desde hace muchos años con vacunas muy efectivas y de bajo coste.

Con la salud pública no se juega, y menos tratándose de zoonosis (enfermedades transmitidas por el animal al hombre); la no obligatoriedad de vacunación de los perros frente a la rabia es de una mayúscula irresponsabilidad.